En el oficio inacabable de la paternidad, siempre está presente el asunto de las amistades de los hijos. Las relaciones personales extrafamiliares como parte de la formación de los retoños. Las malas amistades pueden dar al traste con el proyecto del futuro luminoso que tenían la madre y el padre para los suyos. Desde vicios menores hasta adicciones letales forman parte del abanico en el que los padres sienten que fulano o zutana pueden influir en el descarrilamiento del esfuerzo familiar. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, reza el dicho.
