El fútbol son las piernas y la cabeza, también la confianza y la fe, que bien pueden hacer de motor para ambas cosas. Y en el Ciutat de València se midieron dos conjuntos que de repente se lo tienen creído, sobre todo un Espanyol que está cuajando una temporada de ensueño, atornillado en los puestos de Europa después de años de penurias. Pero también está con la flecha verde y hacia arriba el Levante desde que llegara el técnico portugués Luís Castro, que en apenas un par de semanas le ha dado bríos nuevos al equipo, desde el sistema hasta los figurantes, desde la actitud al fútbol, que por eso ya le hizo un roto al Sevilla en el Sánchez Pizjuán. Igualados en ambición y prestaciones, las tablas definieron un resultado lógico que hace ver al Levante que la salvación es posible y al Espanyol que Europa no es una quimera.
