
La liberalización del ferrocarril y la guerra por los billetes baratos en la alta velocidad han hecho más atractivos los trenes frente a otros medios de transporte mucho más contaminantes. Según los datos de Renfe, esto ha supuesto que el tren se coma al avión en siete grandes rutas por España —el 82% de viajeros lo prefiere frente a los vuelos—, lo que tiene una consecuencia ambiental positiva: el ahorro anual de emisiones en estos corredores asciende a 512.926 toneladas de CO₂, una cifra similar a 250.000 coches de combustión circulando durante todo el año, más o menos como todos los que hay registrados en Murcia.
