En su primera intervención en el partido, corrió en horizontal en campo contrario con un rival detrás y la perdió de una manera tan ingenua (“se cree que está en el Palacio de Versalles y el Madrid es un naufragio permanente”, dijo el articulista Ángel del Riego) que el Liverpool casi mete el primero (la sacó Asencio de debajo de la línea de gol). Jugó Mbappé entre la banda izquierda y el centro, reclamando desmarques que sus compañeros no acertaban a ver o descartaban por estar en fuera de juego, y presionó como suele, agachándose un poco como si fuese a salir en estampida contra el contrario y abriendo mucho los ojos, atento, concentrado, pero sin moverse. Al 100% los dos, Mbappé está un escalón por encima de Vinicius, pero hoy Vinicius es imprescindible en el Madrid, determinante en los partidos más grandes y a mucha distancia de su compañero en la delantera. Tuvo su momento en la primera parte con un pase extraordinario que le filtró Brahim: salió en carrera, como la manada de bisontes que era Ronaldo Nazario, y resulta que hasta ahí llegó Connor Bradley para hacer el tackle de su vida cuando el punta francés se envenenaba cara a la portería.
