La decisión del Gobierno de Donald Trump de acabar por decreto con el peaje urbano de acceso a parte de la isla de Manhattan, en Nueva York —una decisión que está en los tribunales, dado que la ley no se puede rescindir por decreto— ha reabierto el debate acerca de la utilidad de estos sistemas, que ya están en vigor en varias grandes ciudades de Europa y Asia. El peaje urbano de Nueva York se puso en marcha el 5 de enero de este año y los habitantes de la gran metrópolis estadounidense ya han visto su capacidad de reducir la congestión del tráfico rodado y una sensible caída en la contaminación, amén de recaudar fondos para la red de transporte público de la ciudad. Los opositores de estos sistemas argumentan que los más perjudicados son los más pobres y que hay otras maneras de sacar a los vehículos privados de las carreteras. El profesor de la Universidad Politècnica de Catalunya Juan Pedro Hormigo Ventura y el presidente de la Fundación Ecología Urbana y Territorial Salvador Rueda debaten los pros y los contras de estos sistemas.
