Muy por encima del círculo polar ártico, en el epicentro del turismo boreal, aparece un diminuto quiosco que resalta entre la nieve por dos motivos: su llamativo color amarillo y las colas que se forman a diario para probar lo que se vende en su interior. Esto ocurre desde 1911 en la ciudad de Tromsø, más concretamente en su calle principal, Storgata, donde desde hace 115 años este lugar se ha convertido en un icono cuasi mundial por sus afamados perritos de reno.
