El sector público necesita al privado y el privado necesita al público. Es una obviedad. Pero a veces incluso lo obvio tiene que nombrarse para que se reconozca su existencia. El primero nunca contará con los recursos suficientes para atender por sí solo las constantes necesidades de infraestructura y, además, carece de los incentivos necesarios para operar con eficiencia y transparencia las empresas del Estado. El segundo, por su parte, buscará siempre las condiciones que le permitan obtener mayores retornos y tratará de incidir en la generación de esas condiciones desde el ámbito regulatorio.
